Nuestra Vida Apostólica

El celo apostólico que anima nuestra vida consagrada, nos impulsa a dar, en un mundo tan materializado, el testimonio prioritario y supremo de amor al Señor, y el de disponibilidad, pobreza personal y desinterés material en nuestro ministerio que, junto con la caridad solícita y el sacrificio de nuestro descanso, constituyen hoy una predicación elocuente capaz de tocar el corazón de todos.

Para mejor cumplir nuestra misión en su totalidad, nos capacitamos como religiosas y como enfermeras mediante una formación espiritual, humana y profesional, convenientemente actualizada que potencie nuestros servicios. Nuestro gran anhelo es ser instrumentos dóciles de la gracia y caridad de Dios hacia los que sufren.