Carisma y Misión

Nuestro carisma de Siervas de María, es el don otorgado por el Espíritu Santo a Santa María Soledad y en ella a todas su hijas para participar en la misión salvífica confiada por Cristo a su Iglesia: Curad a los enfermos y decidles: “el reino de Dios está cerca de vosotros” (Lc 10,9). Realizamos esta misión junto a los enfermos, en asistencia esmerada y gratuita preferentemente a domicilio. La gracia carismática se refleja en la espiritualidad legada por nuestra Santa Madre:

  • Contemplativa en la acción
  • Abandonada a la Providencia
  • Cooperadora con Cristo y María en la salvación de los hombres

Fieles al carisma recibido con la vocación de Siervas de María, vivimos constantemente todo cuanto nos pide el lema de nuestro Instituto: “Estuve enfermos y me visitasteis” (Mt. 25, 36). Como familia religiosa unidas en Cristo, continuamos la misión sanadora de Cristo, teniendo como modelo a la Santísima Virgen en el gran encuentro de la Visitación (Lc 1,39-45) y llevando con Ella, renovada esperanza y gozo a aquellos que servimos. Desde los inicios de la fundación, hemos respondido a la misión de amor y servicio al enfermo que la Iglesia nos ha confiado, curando a los miembros dolientes de Cristo y colaborando de este modo en su misión salvífica. La visión de Madre Soledad continúa teniendo vida gracias a la presencia de las Siervas de María que estamos distribuidas en 4 continentes de Europa, América, África y Asia, en un total de 22 naciones y 122 casas existentes alrededor del mundo, con misiones en México, Camerún, Bolivia, Filipinas, y Haití. Fieles a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, seguimos el espíritu fundacional que guió a nuestra Santa Madre en el ejercicio de la misión caritativa de la asistencia a los enfermos, cuidando particularmente estos tres rasgos:

  • Asistencia esmerada: solícita y de total dedicación al enfermo, valorando su dignidad humana como imagen de Dios.
  • Asistencia gratuita: haciendo propia la consigna evangélica “gratuitamente lo recibisteis, dadlo gratuitamente” (Mt 10,8).
  • Asistencia preferentemente a domicilio: cuidamos para que en nuestras comunidades prevalezca este rasgo peculiar y característico de asistencia a domicilio. No se excluye la asistencia en clínicas, hospitales o donde el enfermo se encuentre y en todo caso nos mueve siempre el deseo y recta intención de atender preferentemente a los más necesitados.

Por ello,  nuestra caridad asistencial se extiende en:

  • Servicio nocturno y diurno preferentemente en los domicilios
  • Servicio diurno en forma organizada a varios enfermos en sus domicilios
  • Clínicas y hospitales
  • Dispensarios y ambulatorios
  • Centros para enfermos crónicos y convalecientes.

Todas estas formas de asistencia las extendemos a tierras de misión y no se limita a la persona del enfermo, sino que se extiende hacia sus familias que sufren con ellos. Como Religiosas enfermeras, estimamos en su profundo valor la misión que la Iglesia nos ha confiado:

  • Atender con caridad a los enfermos en todas sus necesidades: físicas, espirituales y morales.
  • Ser portadoras del amor efectivo y sublime con que Dios los ama, sin distinción de clase social, de raza, religión o enfermedad y sin más preferencia que la mayor necesidad de los asistidos. Los enfermos son imagen visible de Cristo doliente y es a Él a quien servimos en el enfermo.
  • Cuidarles  con solícita misericordia, comprensión y entrega  para que ellos a su vez puedan descubrir en toda Sierva de María a Jesús mismo curando y visitando a los enfermos.
  • Asistirles con humilde sencillez y espíritu de servicio, como ángeles de caridad y de paz con la generosa dedicación de quien ve a Cristo en el enfermo. Es la misión de amor y de servicio a los hombres que la Iglesia espera de nosotras.

Por nuestra misión junto a los pobres enfermos, estamos llamadas a…

  • Ser contemplativa en la acción, de allí que nuestra vida de oración es intensa. Somos almas de oración al servicio del apostolado, de modo que nuestro apostolado encuentra su fuerza en la contemplación y ésta a su vez estimula nuestro apostolado. Sin Él, nada podemos hacer. La celebración Eucarística diaria, la vida comunitaria y la confianza y amor a María Santísima son la fortaleza de nuestra misión apostólica.
  • Ser almas de oración y de intensa vida interior, ancoradas firmemente en las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad; y abnegadas, prontas siempre al FIAT de la propia entrega, cuando el ejercicio de la caridad nos pide sacrificio humilde. La oración es fuerza de nuestra vocación cristiana y sobre todo religiosa, por la cual estamos más profundamente unidas al misterio de Cristo y de su Iglesia, vivimos como auténticos apóstoles, trabajando incansablemente para que nuestros hermanos se salven en Cristo.
  • Descubrir a Cristo en el rostro de cada enfermo. La Sierva de María no hace separación entre la vida de oración y la vida apostólica. El paso de la capilla a la habitación del enfermo no interrumpe nuestro diálogo con Cristo. Le seguimos amando donde y como Él se encuentre, atentas siempre a lo que Él nos pide. De esta manera nos es fácil asistir al enfermo, cada día con renovadas energías, respetarle, amarle y prodigarle todos los servicios necesarios.
  • Buscar ante todo y únicamente a Dios, a quien nos hemos entregado totalmente por la profesión religiosa, uniendo a la contemplación el amor apostólico que de la vida de unión con Cristo recibe su fuerza (PC 5). Todo nuestro esfuerzo de santificación y apostolado proviene de la íntima unión con Dios, pues sin Él nada valioso y eficaz podemos hacer y es Él el objeto supremo de nuestro proyecto evangélico de vida.
  • Participar en la actividad misionera de la Iglesia, nuestra Congregación responde plenamente a la propia vocación apostólica.