Fidelidad al Santo Padre y la Iglesia

 

Nuestra Congregación ha sido bendecida y aprobadaoficialmente por la Iglesia en 1876. En cuanto por la profesión de los consejos evangélicos nos incorporamos a ella, pertenecemos a la vida y santidad de la misma Iglesia.  (LG 44). Respondiendo a la gracia vocacional de Siervas de María, nos consagramos a Dios en la Iglesia y nos comprometemos a vivir nuestra consagración con espíritu evangélico, imitando a Cristo virgen, pobre y obediente, anonadado por nosotros hasta dar su vida por los hombres sus hermanos.
Como todo Instituto aprobado por la Iglesia, nuestra Congregación participa activamente en la misión salvadora de la misma, actualizando el carisma y servicio recibidos de nuestra Madre Fundadora, Santa María Soledad.

La Santa Iglesia, al recibir nuestros votos, nos asocia al sacrificio eucarístico de Cristo y a su misión salvadora a través del carisma del Instituto.

Nuestro Superiores tienen como deber promover en las Hermanas el amor y sumisión a la Iglesia, con viva conciencia de que nuestra profesión religiosa comporta una más íntima y plena participación en la vida eclesial. También se estimula la confianza en la jerarquía de la Iglesia, poniendo todos los medios para conocer su Magisterio y se nos anima a colaborar en sus obras y propósitos, siempre en el ámbito de nuestro carisma.